Ciertamente se han alzado infinidad de voces poniendo teorías e hipótesis sobre la mesa al respecto de los atentados del 11-S contra las Torres Gemelas en Nueva York (EE.UU.).
Aquel fatídico día que una serie de aviones comerciales fueron usados como armas para de paso, provocar la llamada “Guerra Contra el Terror”.
La televisión alemana nos “ilumina” un poco más arrojando luz sobre las innumerables incoherencias que la administración Norteamericana puso como evidencias y pruebas de algo que no se sostenía.
En fin, vean el reportaje y juzgen ustedes mismos.
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Fundamentalismo, un resultado de no saber contar.
Caída de las torres, no se perdió la Dama pero se puso en jaque al sistema.
¿Cuáles y cuántos acuerdos se saltearon, incumplieron, transgredieron y violaron…?
El psicoanálisis tiene algo para decir respecto de la estructura, lógica por cierto.
El 11-S resume el destino libidinal cuando el sujeto es incapaz de tomar nota de la tiranía del individualismo, sea de quien fuere.
No todos los lazos sociales son éticos; sólo para los que cuentan con esta condición se debería reservar el término “Acuerdo”.
El terrorismo es como si se soltara un eslabón. No obstante –para poder sustentarse- suele asociarse a otros eslabones de la misma condición. Se forman sociedades ilegítimas que, en su intento por combatir lo que dicen combatir, refuerzan el error –éticamente grave- implícito en la idea que se tiene de unidad. La creencia fetichista en la unidad, responde a un déficit en el orden simbólico. Es la base del egoísmo.
La interjección, de muda estirpe pulsional, que alguno –del bando oficial- profirió luego del 11-S, al decir “Justicia Infinita”, debería servirnos como ilustración de lo que fomenta al círculo vicioso terrorista: la ignorancia de lo que significa, en el sentido aritmético y literario, contar. Carlos Norberto Mugrabi.